Dos niñas nacerán un mismo día, en una noche nublada, donde ni el sol ni la luna estén, ni luz ni oscuridad.
Una será la luz, otra la oscuridad. Una será un ángel, otra un demonio.
Un alma inocente pero perdida aparecerá entre ellas, y ellas deben guiarle a donde procede. Esa alma salvará a una, pero traicionará a otra.
Las dos, dos almas unidas por el destino pero separadas por la muerte, lucharan por su bando, la luz o la oscuridad, para salvar el mundo o para destruirlo. Pero una de ellas caerá a manos de la otra.
Dos almas destinadas a morir.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Libro 1: LA LLAMADA. Prólogo.


 

El rey apretó fuertemente los puños y dejó que el dolor le atravesara el cuerpo. Los gritos en la habitación continua no cesaban, y él gritaba por dentro. ¿Cuándo acabaría esto? Su corazón latía a una velocidad inimaginable mientras los minutos pasaban. El rey se centró en respirar lentamente, controlando cada exhalación, contando cada respiración. Debía relajarse.
Los gritos cesaron, y el rey dejó de respirar por un minuto. Abrió la puerta rápidamente, y allí se encontraba su esposa. Pálida como la cal, cubierta de sudor, mientras sonreía a un bulto que sostenía entre los brazos. El rey se quedó de piedra, mientras observaba. Su esposa levantó la cabeza y vio que estaba llorando, a pesar de sonreír. El rey caminó velozmente y se arrodilló al lado de su esposa.
-Es una niña.-susurró Elisa, riendo.
Bajó la vista hacia el bulto que sostenía Elisa y se quedó nuevamente de piedra. Era el ser más hermoso que había visto. Tenía una cara algo regordeta y muy pálida, unos labios finos increíblemente rosados y unos ojos marrones que parecían dorados. Y ella le miraba. Sus ojos dorados le perforaban el alma mientras unas lágrimas cayeron de sus ojos. El rey empezó a reírse fuertemente mientras más lágrimas caían. Se agachó hasta su hija, le apartó mechones marrones de pelo mientras le besaba la frente.
-Edward, - el rey se giró y vio que el rostro de su esposa estaba repleto de lágrimas, también- es hermosa.
El rey asintió y sonrió, acariciando el rostro de Elisa.
-Ella no puede morir. Y menos a mano de...-Elisa comenzó nuevamente a llorar y el rey la abrazó.
-No le va a pasar nada. Antes moriré yo mismo.
-Pero...la Profecía.-susurró Elisa.
El rey miró a su hija y se limpió las lágrimas.
-Si alguien tiene que morir, será la hija de la oscuridad. No mi hija.
Apurando el poco tiempo que quedaba, Edward le susurró su plan, el plan de salvar lo poco que le quedaba, su hija, y ella asintió. Abrazó fuerte a su hija, diciendo adiós, y la besó en la cabeza. El rey cogió fuerte a su hija y avanzó rápido hasta la torre. Allí le esperaba Habna, con una capa negra cubriéndole el cuerpo.
-Rápido, ella ya habrá nacido también. Tenemos que sacarla de aquí.
Habna asintió y se colocó en medio de la torre.
-Hija mía, no importa lo que esté escrito en ese libro, tu vas a acabar con ella. Serás tu la que viva. Tú serás quien nos salve, quien salve a todos.
El rey acarició la mejilla de su hija, y le besó la cabeza. La niña empezaba a llorar y Habna la cogió en brazos.
-Es hora de irnos.-dijo al rey.
Éste asintió y se echó hacia atrás, con lágrimas en los ojos.
-Una última cosa. ¿Cuál es su nombre?- preguntó Habna.
-Arya.-susurró el rey antes de ver una luz dorada llegar del cielo y llevarse a la anciana y a su hija.

Dos niñas nacerán un mismo día, en una noche nublada, donde ni el sol ni la luna estén, ni luz ni oscuridad.
Una será la luz, otra la oscuridad. Una será un ángel, otra un demonio.
Un alma inocente pero perdida aparecerá entre ellas, y ellas deben guiarle a donde procede. Esa alma salvará a una, pero traicionará a otra.
Las dos, dos almas unidas por el destino pero separadas por la muerte, lucharan por su bando, la luz o la oscuridad, para salvar el mundo o para destruirlo. Pero una de ella caerá a manos de la otra.

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