Los días siguientes todo empeoró. Yo empeoré. A mitad de la noche me despierto asustada y siento que alguien me vigila, pero mi habitación está vacía. Continuamente me dan dolores de cabeza que parece que el cerebro me va a explotar bajo el cráneo. Me siento enferma todo el tiempo, cómo si todo mi cuerpo ahora pesase veinte kilos más y el aire fuese denso. Y todas las veces que cierro los ojos una pesadilla me aborda. Ya no camino por esos bosques dorados, sino por lugares llenos de desesperación y muerte.
Creo que me estoy muriendo.
Mis padres han acudido a médicos, pero yo siempre los rechazo. No pueden ayudarme. Una jeringuilla con una droga dentro no va a hacer que todo esto desaparezca.
Dicen que me vendría bien un poco de aire fresco, pero tengo miedo de salir. Me siento todo el día observada en mi propia habitación, no puedo pensar como me sentiré fuera.
El hecho de que esté todo el día en mi cama, observando el techo, ha hecho que me replantee unas cuántas cosas. El porqué de que toda mi familia tenga el pelo rubio y yo castaño, el porqué de que soy un bicho raro, el porqué de mi existencia. No sé si quiero saber las respuestas. O sí.
Mi madre está doblando ropa limpia en mi armario. Me ha traído una taza de sopa caliente porque me volvía a dolor la cabeza y unas cuántas pastillas que estaban enrolladas en una servilleta. Cuando mi madre se acercó a mi cama, y vi su rostro, no pude replantearme otra vez la pregunta.
Su pelo dorado estaba recogido en un moño desaliñado y muchos mechones se le caían por el rostro. Sus ojos verdes brillaban por la luz que se filtraban por la ventana. Ella es tan hermosa, que ni siquiera aparenta su edad.
-Mamá, ¿porqué no me parezco a ti?
Mi voz resonó en la habitación y ella se quedó quieta a los pies de la cama, sin apenas pestañear. Cuando se recompone, se pasa la mano por la cara y se sienta a mi lado.
-¿Qué clase de pregunta es esa, señorita?- a pesar de que sonría, tartamudea.
Me replanteo la pregunta, pero sólo hay una respuesta.
-No me parezco a ti.
Mi madre, como si fue algún modo ya sabía lo que diría, dejó de sonreír y apartó la mirada. Y, por primera vez en mi vida, no sabía quién era la mujer que estaba sentada a mi lado.
-Creo-traga saliva y toma una buena bocanada de aire-, que deberíamos esperar a tu padre antes de tener esta conversación.
Las cuatro horas que tuve que esperar antes de poder escuchar la puerta al cerrarse fueron interminables. Escuché como mi madre corría al encuentro de mi padre y como cuchicheaban antes de que llamaran a mi puerta y apareciera mi padre, seguido de mi madre.
Rápidamente me incorporo y aguanto la respiración hasta que mis padres se sientan en mi cama.
Mi padre se moja los labios y respira hondo antes de mirarme y cogerme la mano, su voz era insegura.
-Hemos esperado a que fueras lo bastante mayor para que puedas comprender lo. -baja la vista y mira a mi madre, que está mirando al suelo.- No eres realmente nuestra hija.
Y el mundo explota.
Mi madre alza la vista y me mira pero yo sólo veo vacío. Entonces me doy cuenta de que estoy llorando, porque sé que tienen razón. Ellos no son mis padres.
-¿Quiénes son mis padres?
Ellos se miran y ahora mi madre habla.
-No lo sabemos. Verás, hubo un incendio de un bosque, no muy lejos de aquí, tu apareciste entre las llamas. Pero, esto no significa que no seamos tus padres. Lo somos. Y tu eres nuestra hija. No importa nada de esto.
A pesar de que quiero creerles, no puedo.
No serían más de la una cuando me levanto. Me visto rápido con unos vaqueros, una sudadera y me pongo las deportivas. Cojo una mochila y meto en ella lo indispensable: bastante dinero, ropa, una manta y una linterna. Salgo de mi cuarto sin mirar atrás y bajo las escaleras en silencio. De la cocina cojo bastante comida y una botella de agua. Abro la puerta principal y me pongo la capucha. No pienso dejar una nota como en las películas. Cierro la puerta.
El primer problema de escaparte de casa es que no tienes a dónde ir, y más si eres alguien como yo ,sin amigos, el problemas es más grande aún, pero no pienso volver. Al final del pueblo hay un motel de mala muerte pero es lo mejor que tengo, pasar una noche allí no me va a matar.
Las calles están desiertas, salvo por dos o tres coches que de vez en cuando pasaban. Intento caminar rápido pero no puedo porque me tambaleo. Todavía no me he recuperado. A pesar de que la noche es fresca, el aire es denso y dificultoso para respirar.
Al pasar por un parque me empieza a explotar la cabeza de nuevo y acabo de rodillas en el suelo. Intento no gritar y cierro fuertemente los ojos. De repente el dolor se va y yo me quedo sin respiración. Me incorporo lentamente y miro al rededor por si alguien me ha visto. No hay nadie.
Más allá del parque, en el camino que he dejado atrás, hay algo raro. Al principio es una luciérnaga, después empieza a parpadear. La luz se contrae agrandándose, chispas de luz brotan de ella, hasta que se forma el cuerpo de un humano.
Me levanto intentando no caer y empiezo a correr.
Dos niñas nacerán un mismo día, en una noche nublada, donde ni el sol ni la luna estén, ni luz ni oscuridad.
Una será la luz, otra la oscuridad. Una será un ángel, otra un demonio.
Un alma inocente pero perdida aparecerá entre ellas, y ellas deben guiarle a donde procede. Esa alma salvará a una, pero traicionará a otra.
Las dos, dos almas unidas por el destino pero separadas por la muerte, lucharan por su bando, la luz o la oscuridad, para salvar el mundo o para destruirlo. Pero una de ellas caerá a manos de la otra.
Dos almas destinadas a morir.
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